Feliz Año

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Feliz año

 Los mejores deseos para un buen, inspirado, saludable y feliz 2017 llegaron hasta nosotros. A través de una buena carta o, simplemente, por un correo electrónico divertido. Deseamos también lo mejor a nuestros amigos, familia y colegas y quienes encontramos en la calle, en los bares y/o en las tiendas. El año nuevo está aún próximo a un tiempo de reflexión entre nuestra familia y amigos. De detenerse en los disturbios existentes en muchos países. Un alto fuera de la dura realidad de nuestro trabajo y de nuestra propia vida. Un momento de recompensa nuevo y destinado a recuperar el aliento. Cuando volvamos a lo básico, después del uno de enero, y almacenemos o despreciemos todos esos buenos deseos, la vida retomará el hilo. Como si nada hubiera cambiado. ¡Lo que no tiene que ser!

De acuerdo con Aristóteles, la felicidad es una buena cosa que la gente desea por su propio bien. No es un medio sino un fin en sí mismo. La felicidad es una virtud moral; el punto medio entre dos extremos. Nos da ‘valentía’ como ejemplo de vida. Una virtud a medio camino entre la cobardía y la temeridad. Aristóteles era realista para quienes se basen en su conocimiento sobre lo que es observar, describir y interpretar la realidad.
En la lucha contra la corrupción y los abusos del poder, interpretamos también los males cuando no se corresponden con nuestros valores morales. No vamos a estar nunca literalmente felices. Queremos poner las cosas bien en su sitio. Un ejemplo inspirado nos lo da el musulmán belga Mohamed El Bachiri. En 2016 perdió a su mujer por un ataque terrorista en Bruselas. En lugar de odiar los autores del crimen aboga por el amor y la empatía como la mejor respuesta. Ni siquiera impone a la gente la verdad, pero recurre a tomar competencias humanas como la bondad y la brillantez como punto de partida. Para encontrarnos el uno al otro y trabajar desde nuestra historia y naturaleza comunes y desde luego riqueza para el futuro feliz.

La felicidad como estímulo

Por esta razón significamos los deseos de felicidad recibidos, mucho más que un símbolo. Deberían ser estímulos para ser más aguerridos. No cobardes, con exceso de confianza pero al menos realizar, dentro nuestras posibilidades, una felicidad posible dentro de nuestro trabajo y vida. A presentarse de tal modo ante los valores de nuestras culturas y nuestras organizaciones. Pasito a pasito hacer crecer nuestra influencia e inspirar con ello a los demás.

Guarda entonces unos deseos de ‘feliz año’ bien intencionados. Léete de nuevo un deseo durante el año y hazlo también con un colega. Los deseos te proporcionarán la energía nueva para fortalecer la suerte de todos nosotros.

Les deseo a todos un muy feliz año.

Henk Bruning

 

 

 

 

 

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